Que no falte el humor, lo vamos a necesitar

En plena España negra, los de la cáscara amarga se sonreían con miradas cómplices mientras cantaban por lo bajini: “se va el caimán, se va el caimán…”, hecho este que me reafirma en que ni en los momentos más duros (y este lo va a ser) debemos perder el humor.

 Por eso hoy El Roto nos dice hoy en su columna diaria y tan necesaria como el aire que respiramos: “¡La economía, esa sí que va a necesitar respiradores!” El bicho empieza a cebarse con algunos de los caricatos que más se han cachondeado del coronavirus ese, como le está sucediendo al malospelosinglés, ya en cuidados intensivos y relevado en la tarea de gobierno. No hay que desearle ningún mal a nadie, ni siquiera a las víboras venenosas, pero como decía la vieja, “hay gentes que si las arrecogiera el señor…”

 Hablando de otra cosa: dice en Alemania el señor Wolfgang Schauble, el de “el carrito”, que “este es un desafío mayor para Europa que la crisis financiera y del euro”. Claro, aquella la arreglaron hundiendo a Grecia y a los países del sur y salvando a los bancos; pero esta… esta no habrá hombres de negro que tengan contrafuertes para venir p’acá. Lástima que la señora Merkel, que tantas veces ha demostrado lo que son unos ovarios bien puestos, esté ahora cagada con los eurobonos, a pesar de saber que, al final, tendrá que entrar el gato en la gatera. Solo hay que esperar un poco para verle las orejas al lobo.

 Y para terminar con un poco de alegría, todos los datos predicen que ya hay indicios de mejora. La convalecencia no va a ser coser y cantar, pero detrás vendrá lo gordo. Una crisis económica del copón en la que cada perro se va a tener que lamer su pijote. La mayoría de los que tengan mucho que perder llamarán al fascismo para que venga a salvarlos. Los que poco tenían o los que lo han perdido todo, que serán la gran mayoría, tendrán que empezar a pensar en el esfuerzo colectivo. Si los poderes ocultos no dan la cara y las multinacionales no emplean a esa masa ingente de desempleados (cosa que no harán), habrá que pensar que, a lo mejor, lo público no es tan malo. Y los nuevos mercados que surjan tendrán que saber convivir con las creaciones inteligentes de ambos modelos.

 Lo que les vengo diciendo: que a lo mejor no hay mal que por bien no venga. ¡Y que venga lo que dios quiera!, (menos la Corinna y los hombres de negro).