Producción ecológica, un paleo de millones

Con un lleno hasta la bandera empezaba el acto de presentación del Plan Estratégico para el Fomento de la Producción Ecológica en Extremadura. A los más veteranos nos parecía un recital de algún artista de moda.

Mirando desde el gallinero hasta las filas de la gente principal, allí había de todo; viejos rockeros de este sufrido sector, productores y empresas reales que sobreviven a grandes dificultades, burócratas,  gentes de la pomada y quienes acuden siempre al olor de la pólvora, que en este caso se anunciaba con 40 millones de euros.

Inaugurado el cónclave por el presidente Vara, que sigue siendo el más inteligente de la orquesta que le ha tocado dirigir, empezó el baile con el representante del CAEX (Comité de Agricultura Ecológica de Extremadura) Antonio Pérez (Bioterra) que, contra viento y marea, ha sabido llevar a cotas importantes de innovación, crecimiento e internacionalización, a una empresa social de frutos secos. Tengo que agradecerle que se atreviera a citarme como pionero de la agricultura ecológica en Extremadura y en España, y como primer presidente del CRAE (Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica), antes de que este se dividiera en 17 consejos reguladores.

La historia negra que hay detrás de esta cita está pendiente de escribir y no es asunto de esta crónica. Entre los intervinientes había representantes de distintas empresas que, con mayor o menor habilidad, nos contaban las peripecias que habían vivido. Eso sí, sin aportar datos económicos que nos permitieran saber de qué tamaño estaban hablando. Hubo una excepción; Haciendas-Bio expuso con todo lujo de detalles inversiones, beneficios y realizaciones en Extremadura y en otras zonas de España, relativas a una empresa que sobresale en medio de la pequeñez de un sector que crece de forma desesperadamente lenta, a pesar de los cantos al futuro de lo ecológico. El caso de esta empresa, la más importante de España y una de las primeras de la UE en su sector, merece un espacio más amplio. He quedado en hablar con su director y con el responsable técnico para ello.

Por las grandes superficies de la alimentación intervino el representante de Carrefour, que no pasó de anunciar los buenos propósitos de este gigante alimentario, que no desprecia ningún sector, por pequeño que sea, y que sabe sacar la pringue a instituciones y empresas, si quieren tener los productos en sus líneales.

Nunca olvido que, aunque no deje de ser también una gran superficie, El Corte Inglés fue el primero que abrió sus puertas a lo ecológico (año 1987), abriendo los más grandes espacios que se han dedicado hasta ahora a los productos extremeños.

La presentación del Plan Estratégico fue larga y tortuosa. Una intervención de 45 minutos impide asimilar, a todo mortal, las líneas básicas de cualquier intervención; pero eran los momentos de gloria del interviniente y no los quiso dejar pasar. Además un Plan Estratégico exige más el compromiso de los políticos que la exposición técnica de un funcionario. Si a esto añadimos que es un documento público y que se nos facilitó un cuaderno de casi cien páginas con su contenido, para que los interesados en cada apartado pudieran destriparlo, se podía haber resumido un poco.

 Dentro del triunfalismo que suele acompañar a los planes oficiales y el afán de protagonismo excesivo en cosas que hace mucho mejor el sector privado, señalaré lo que me preocupa. El reclutamiento de los 40 millones, su distribución y su ejecución es algo que vamos a ir viendo en tres años, con unas elecciones por medio, que ya se sabe la incertidumbre y la inseguridad que acarrean. Mejorar y simplificar la certificación, después del abandono en que estaba, no es mala idea. Hágase de una vez. El incremento de la formación, en manos de la Administración o de los compañeros de viaje que busca para este fin, puede ser un despilfarro nada pequeño. Ya vimos cómo algunas empresas se encargan de formar a sus empleados.

Para apoyar la producción agraria y ganadera hacen falta algo más que palabras. No es que no haya ayudas, que las hay. El problema es la burocracia, que puede llevar al solicitante a la desesperación. También el clientelismo hace que no siempre las ayudas vayan a parar a quien realmente las necesita y sabría sacarle mejor provecho.

De la investigación qué quieren que les diga. Y de la potenciación de las industrias ecológicas, redes de comercialización y apoyo a la promoción, etcétera, sería bueno que dejaran el protagonismo a los empresarios que son lo que saben lo que necesitan.

En cuanto a la reforma del CAEX, es el propio sector el que debe llevar la iniciativa y no la Administración, como lo hicimos en su día ante el Ministerio de Agricultura.

En conclusión: bienvenido sea este Plan Estratégico que, a pesar de la ironía que puedan ver en esta crónica informal y del triunfalismo y paternalismo que rezuma, puede suponer un avance en el crecimiento de un sector que no se han tomado en serio las administraciones anteriores. Y la actual lleva dos años de retraso en tomar la decisión de abordarla.

Mis dos recomendaciones finales son: dejen los políticos las principales iniciativas a quienes deben protagonizarlas y tomen los productores y las empresas el papel que les corresponde, sin estar pasivamente mirando a ver qué hace la Administración. Las ayudas y medidas administrativas son muy importantes, pero es mucho más que quienes dicen defender la producción ecológica gestionen sus empresas con profesionalidad, sin esperar que las subvenciones y los políticos les resuelvan sus problemas.