PERSONAJES PARA EL RECUERDO

MARIO GAVIRIA: un tipo inteligente, generoso, provocador… y látigo de burócratas

EN EXTREMADURA

Como ya se ha dicho casi todo de él, me centraré en los recuerdos que me ha dejado en 40 años, desde que aterrizó en Extremadura con una tropa de voluntarios que parecían los cómicos de un circo, aunque todos manejaban algún instrumento; fuera el cuchillo, la soga, el látigo…titiriteros de un arte divertido, participativo y social

A Mario Gaviria y José Manuel Naredo los gané para mi causa, “EXTREMADURA SAQUEADA”(Ruedo Ibérico 1978), con poco esfuerzo. Les pasaba como a Yul Brynner en “Los 7 Magníficos”; estaban dispuestos  ayudar a los pequeños campesinos a cualquier precio.

Mario instaló el campamento en una pequeña residencia de un Instituto local y aquello se convirtió enseguida en una cátedra de sociología, a la que llegaban frutas, verduras y otros alimentos que se cocinaban sobre la marcha.

El objetivo principal era “El Plan Badajoz”. Desde esa cátedra se preparaban las encuestas y entrevistas para realizar a colonos, hijos de colonos, propietarios e incluso caciques de una Extremadura que miraba escéptica la llegada de una transición democrática. Los que habíamos abandonado la sociología académica encontramos en este catedrático activista una disciplina menos aburrida que la de la Complutense.

Las vivencias con Naredo y Mario son indescriptibles. Uno partidario del rigor y el otro de la provocación, compartían sin embargo un sentido del humor digno del mejor TIP y Coll, y hacían que una de las investigaciones más serias e interesantes que se han hecho en la sociología rural, no fuera un trabajo penoso y aburrido, como el que solía hacerse en la “investigación académica”, sino que a su vez se convertía en algo divertido y gratificante.

Aquella historia concluyó en una experiencia feliz e inolvidable, en la que Mario ejerció su magisterio de sociólogo, proporcionándonos recuerdos que han permanecido siempre en nuestra memoria, y lo mismo sucedió con Naredo. El Plan Badajoz y la Gestión del Agua en la cuenca del Guadiana, junto a otros temas del expolio a Extremadura quedaron bien retratados en aquellas obra, que aun no han digerido la “gente principal” de esta tierra, ni la Universidad, ni algunos sociólogos, radicales en otra época y hoy convertidos a un academicismo que no hay dios que entienda.

EN LA MANCHA

A los 20 años de aquella historia volvemos a embarcarnos juntos en otra aventura sociológica, en un lugar de La Mancha llamado Daimiel, a donde fui a parar tras mi exilio de Extremadura. De nuevo se monta el “campamento gitano” en unas viejas instalaciones del Ayuntamiento,  y tenemos a Mario bañándose en bidones, en el más puro estilo de las viejas películas del Oeste, y a toda la compañía comiendo hortalizas y lo que traían los ganaderos.

La explotación esquilmante y brutal del Acuífero 23, que alteró de forma irreversible los llamados “Ojos del Guadiana”, dio lugar a nuestro estudio LA QUIMERA DEL AGUA (Siglo XXI editores, 1995) que no fue muy bien recibido por las fuerzas vivas de ese territorio, en el que imperaba el lema popular de “agua mientras aiga y cuando no, borricos a la sombra”.

En este estudio, realizamos el balance del agotamiento que se estaba produciendo en los acuíferos, a pesar de la conversión hipócrita de Bono a la ecología, y señalábamos algunas alternativas  para la gestión de los recursos naturales de aquel territorio.

A pesar  de las dificultades que encontramos para la realización de aquel trabajo, tuvimos tiempo para divertirnos, especialmente con los ganaderos y agricultores del entorno. También para seguir recibiendo las clases magistrales de nuestro Catedrático de Sociología y para ver con el escepticismo necesario el porvenir que le esperaba a las propuestas de nuestro trabajo.

Cristina Narbona se atrevió a venir a Daimiel a presentar el libro, en una época en la que los Barones socialistas andaban a la greña entre ellos, y pocos se tomaban en serio la sociología subversiva y desburocratizada de Mario.

El torrente de ideas que surgían de aquella investigación, chocaban con la burocracia y el populismo de un régimen autonómico en el que se veía ya el cansancio de tantos años instalados en el poder.

Algo influyó nuestra denuncia del despilfarro de agua para regar cereales, y del agotamiento de un mar subterráneo, al que contribuía un Gobierno autonómico que decía defender el medio ambiente.

Después de 20 años pudimos ver a un Mario Gaviria cargado de nuevas vivencias y algunas “experiencias fuertes” en sus alforjas, que seguía siendo ese sociólogo sabio e irreductible, capaz de proponer las ideas más elementales, que el sentido común y la ausencia de academicismos le inspiraban  siempre.

Nos despedimos de nuevo tras otra aventura, conscientes de que huirían de nosotros los que manejaban ingentes recursos públicos, creyéndose gestores progresistas, cuando no dejaban de ser unos burócratas irredentos, a los que acabó sustituyendo nada menos que Dolores de Cospedal.

REENCUENTRO EN CORTES, CATALUÑA Y MADRID.

Casi otros veinte años más tarde nos convoca en Cortes (el pueblo de Mario) a una QUEDADA contra la energía nuclear (cierre de las C.N.) y a favor de la solar, y la casa de Mario se convierte en el Gran Cortijo de acogida de los que venimos de tierras lejanas. Aquello fueron un par de jornadas simpáticas, de gentes resistentes e imaginativas, que aparte de filosofar y analizar la descomposición de la energía del uranio, llevaron cachivaches distintos para demostrar la versatilidad de los inventos solares. Guisamos con cocinas solares y nos divertimos. Hicimos un manifiesto y después cada mochuelo a su olivo.

Tras unos días más en esa  Casa-Palacio de Cortes y recordar los viejos tiempos, Mario, con la generosidad que mantuvo hasta el final, nos dio las llaves de su casa de Pamplona y allí pasamos un días para culminar aquel encuentro.

Al cabo de un tiempo nos vimos en Barcelona, en ese edificio simbólico y ambicioso de Antoni Gaudí (La Pedrera) donde nos convocó nuestro amigo Pep Puig, también para batallar por el cierre de las Centrales Nucleares. Allí nos encontramos de nuevo los viejos rockeros antinucleares y después de los debates hicimos también el obligado manifiesto y conspiramos contra la cúpula del sector eléctrico, de los gobiernos, de la Unión Europea y del Imperialismo mundial.

Terminada la conspiración Mario y yo nos fuimos a la Feria de BioCultura, reencontrándonos allí con gentes de todas las leches, desde los tiempos de “El Viejo Topo”, “Andalán”, “Bicicleta”, etc. Disfrutamos parándonos en todos los chiringuitos, y comprando algún cachivache artesano. Mario compró una escultura de hierro a un tipo genial, y empezamos a hablar de los alimentos ecológicos, la trashumancia y la cultura pastoril, etc. Entonces fue, cuando sentados en un chiringuito me habló de su enfermedad y de cómo iba perdiendo masa muscular. Confieso que me sobrecogió lo que me contaba, porque además lo hacía con toda naturalidad y no me parecía verle especialmente preocupado. Seguía cargado de energía y humor, y estaba enganchado con “El paraíso estancado” (Su último libro).

Al día siguiente quedamos en el Mercado de La Boquería y recorrimos gran parte de él. Me preguntaba por mis andanzas en la alimentación agroecológica, y le conté lo más sustancial de ellas. Le interesaba mucho el tema de los alimentos y la tensión entre artesanía y tecnología que yo le contaba, de mis experiencias actuales en Extremadura. Al final concluíamos en la necesidad de parar la CN de Almaráz, porque “Extremadura era un territorio tan rico en recursos naturales que había que convencer a Vara, para dar ese paso de una vez”.

Al margen de todo esto lo pasamos francamente bien encontrándonos amigos de otras épocas, tanto en BioCultura, como en La Boquería.

EL ÚLTIMO AÑO Y NUESTRAS CONVERSACIONES POR TELÉFONO.

A partir de aquella ocasión, tras asistir en Madrid a la presentación de “El paraíso estancado”, a la que ya vino Mario bastante mermado de facultades, y en la que nos encontramos con Naredo, Blanca, Tabuenca y otros amigos, nuestras conversaciones fueron ya por teléfono y muy largas. Me trasladaba sus reflexiones sobre el eclipse de la energía nuclear y la estrategia de las eléctricas. Elogiaba mucho la decisión de Angela Merkel sobre el cierre de las C N en Alemania. Me insistía siempre en que había que convencer a Vara para cerrar Almaraz, y me hablaba de su preocupación por el mundo musulmán en Europa.

Las conversaciones duraban más de una hora, tiempo que yo no le regateaba. Necesitaba hablar y lo hacía con bastante lucidez y a ratos, con el humor del que siempre hizo gala. Confieso ahora, entre nosotros, que terminaba emocionado y conmocionando por su naturalidad y gran entereza.

Finalmente les diré que he tenido que interrumpir la redacción de este texto, dado el acontecimiento político que acaba de suceder en España y que aumenta mi recuerdo de Mario. Es una pena que no haya podido ser testigo de este nuevo escenario, que aumenta nuestra esperanza de que se produzcan cambios en aquellos temas que han ocupado la vida, obra y preocupaciones de Mario Gaviria.

 

 

ANTONIO GONZÁLEZ-HABA BARRANTES

+ 31-07-1973 a los 42 años
Diario HOY 04/08/2015

 

RAMÓN SÁNCHEZ ARROYO

Ramón recién graduado en Galicia

Ramón Sánchez Arroyo, emprendedor y genio del vino, fue un personaje único en su época. Contradictorio y genial, nos dejó recuerdos inolvidables a los que tuvimos el privilegio de su amistad. Dedicado a la buena vida en Galicia, tardó demasiados años en hacer su carrera de farmacia, en la que incluso sus profesores estaban más interesados que él.

Farmacéutico por fin en Valdetorres, se empeñó en reformar y sacar adelante la bodega de Catalina Arroyo, su madre, por la que sentía veneración y a la que  quería compensar por la tardanza en terminar los estudios. Lo cierto es que ya era un gran conocedor y catador de todo tipo de caldos y un excelente gastrónomo.

Fue a verme a Badajoz, siendo yo “excelentísimo” señor Consejero en el Gobierno extremeño y ahí empezó nuestra amistad. Las copas y tertulias fueron ya habituales entre nosotros, así como los viajes. Me acompañaba a las charlas y actos a los que me invitaban y siempre llevábamos su vino cabernet (el primero en Extremadura) por bandera.

Nunca olvidaré el día en que logramos que su vino nos fuera servido por Jean Pierre, en Madrid, en el Restaurante Las Cuatro Estaciones, en cestita de mimbre, como los grandes vinos, y cómo se emocionó en aquella comida, presidida por un cabernet extremeño. O el día del parador de Cuenca, en el que Concha García Campoy pidió al director que permitieran servirnos ese vino tan maravilloso de Don Ramón, del que casualmente llevábamos dos botellas en el coche, que enseguida pusieron a enfriar un poco. O aquel domingo en el que el diario “El País” nos sorprendió con una reseña (foto incluida) en el dominical, del Cabernet de Catalina Arroyo de Extremadura, comentado por Carlos Delgado.

Ramón era un personaje literario, que lo mismo estaba en la viña vigilando la poda, que embotellando el vino o visitando a sus clientes. Era también un gran cocinero: “hoy he comprado una merluza que da la hora”, decía. Luego la merluza se estropeaba en el frigorífico porque no quería comer solo y cada mediodía nos buscaba a los amigos para ir a comer juntos. Su cultura gastronómica era inmensa, como la historia acumulada en tantas ciudades y restaurantes en los que transcurrió su existencia de buen gourmet.

Tenía historias inacabables que narraba con humor y retranca, como las aventuras vividas con su amigo Ángel Hurtado, capitán de barco, por las costas de Brasil y Argentina, y varias zonas de África, especialmente en Burundi y Guinea Ecuatorial, en la que pudo acabar de farmacéutico si no se hubiera puesto la cosa tan fea y de donde tuvieron que salir rápidamente.

Su gran éxito fue sin duda ser el primero que trajo a Extremadura la uva Cabernet de Sauvignón, que él ya conoció en Francia, en momentos en que estaba divulgándose en todo el mundo gracias a la serie de TV de Falcon Crest que estaba en todo su apogeo. Traída la planta de Francia por encargo directo de él, logró adaptarla bien a su viña de “La Redondilla” de Don Benito y hacer con ella un buen vino, demostrando su carácter innovador a la vez que conocedor profundo de los secretos del vino.

Ramón dejó este mundo un 18 de Noviembre de 1998. Desde entonces echamos de menos a ese gran conversador que mantenía las tertulias siempre expectantes. Su humor era corrosivo con los pedantes y los que creían estar de vuelta de todo. Su carácter de polemista con ingenio y mala leche siempre acababa pidiendo disculpas si creía que había molestado a alguien. Era un caballero a la vieja usanza. El día que le salía ácrata no dejaba títere con cabeza, su anarquismo era implacable. El día que le salía conservador era de un carca insoportable. No dejaba indiferente a nadie.

Para cualquier celebración o fiesta se presentaba como un dandy,  que conocía bien las reglas de una burguesía a la que frecuentó toda su vida. Pero su sencillez con los amigos y sus “desahogos”, son los mejores recuerdos que tenemos de él.

Su canto a la garnacha  y a la tempranillo siempre estuvieron en su boca. Siendo Extremadura una tierra en la que predominaban los vinos blancos, sobre todo en su zona, Ramón fue uno de los primeros defensores de estas dos variedades. Y nos recordaba también que era en los pequeños pagos franceses donde se hacían los mejores vinos del mundo y donde estaban los secretos de la cultura vitivinícola francesa. La creación final de su gran vino, “Misino”, fue el último secreto que me contó y que hoy recuerdo cada vez que lo tomo.

 

Su familia, continúa hoy su obra. Su sobrina Ester, Licenciada en Derecho y Máster en Viticultura y Enología, es la Directora-Técnica de la Bodega y su padre, Jesus Sánchez Arroyo, hermano de Ramón, es el propietario y gerente.  La Redondilla, esa tierra famosa de las arenas de Don Benito, siegue siendo ideal para la viña, aunque los chalets se vayan apoderando cada día más de ella. La Bodega de Catalina Arroyo siempre será un referente del vino en las Vegas Altas del Guadiana.

Ramón fue un personaje vanguardista en el mundo de la viña y el vino extremeño. Un innovador permanente. Y un emprendedor, que dejó su farmacia para dedicarse a la arriesgada aventura del vino, en una tierra tan difícil como Extremadura. Su familia, siguiendo sus pasos, han modernizado la bodega y la viña centenaria, y mantienen la calidad de unos vinos excelentes.

 

 

MANUEL ARANCÓN RIDRUEJO

(11-06-1926 a 19-05-2004)

MI RECUERDO DE UN GANADER0 IRREPETIBLE: Manuel Arancón.

Por Juan Serna

Manuel Arancón, “el Soriano” llegó a Extremadura en la década del 60, andando con sus 200 ovejas merinas. Se fijó en la cantidad de aprovechamientos que veía por todas partes y aquí plantó sus reales, dispuesto a probar fortuna en una tierra llena de posibilidades. Con una moto guzzi de las antiguas trasteaba todos los rincones e iba encontrando espacios de pastoreo, fueran hierbas o rastrojaras, hasta que empezaron a salirle los primeros arriendos.

Les estoy hablando a ustedes del pastor-ganadero más inteligente que he conocido en Extremadura, y he tratado con gente de todos los pelajes desde los primeros tiempos del Plan Badajoz. Comprar una finca de casi mil fanegas de tierra (Hato Ramiro), con dinero bancario (en torno al 18 por ciento) y pagarla, era una gesta que en aquellos tiempos estaba al alcance de pocos ganaderos.

Si como pastor decía un amigo común, que “Manolo sabía de las ovejas, más que los carneros”, como tratante, la divina provincia le había dotado de un olfato privilegiado. Verle hacer un trato era un espectáculo difícil de olvidar. Sabía que buena parte de los que iban a comprar sus animales, una vez que él había seleccionado los mejores para su rebaño, se engañaban ellos solos. Ni siquiera sabían escoger los mejores, dentro de lo que había quedado para venta. Y cuando era él el que compraba, se plantaba de madrugada en las fincas, para que no hartaran de comer a los  animales, y manejaba las básculas y los pesos con la misma destreza que echaba las cuentas  con las cuatro reglas. Su habilidad en los tratos le causó algunos enemigos, a pesar de que siempre cumplía su palabra, como buen castellano viejo.

Tenía a orgullo haber conseguido el mejor rebaño de merinas de Extremadura y a su casa venían a comprar animales reproductores de todas partes. Las grandes familias ganaderas buscaban su asesoramiento a la hora de las particiones, y el ganaba sus perras atendiendo a su ganado y a los asesoramientos, que a menudo le proporcionaban buenos tratos. En el mundo del Merino, la gente inteligente consultaba con él. El Soriano las atendía y hacía sus negocios siempre que podía.

Oficialmente sabía de ovejas, pero eso solo era cierto en parte; sabía de cabras, de cochinos y de vacuno. Se lo presenté a Alberto Oliart, personaje importante de la política española (tres veces Ministro con Suárez), pero sobre todo un hombre culto de la burguesía extremeña-catalana, enamorado de nuestras razas autóctonas y quedó encantado con él. Mas tarde le presenté a un vasco, Juan Luis Arregui, y en las distintas dehesas que tenía tuvo ocasión de gestionar ovejas, vacas y cochinos con gran éxito, al tiempo que su explotación seguía bien atendida.

Nunca olvidaré nuestra llegada a la Finca “El Río”, antes de ser comprada por la ONCE. Había un jurista de renombre, que presumía de haber rebajado en cien millones su precio. El Soriano le dijo: aunque sea con cien millones menos, esta finca es mala con m Mayúscula. De las “comisiones que hubo por medio”, en aquella compra, nadie dijo nada. Eran los tiempos en que la ONCE tiraba con pólvora de Rey. Pero ver a este pastor recorrer la finca y hacer un plano a mano alzada explicando la distribución de la misma, era una lección magistral de cartografía, de alguien que no pisó la universidad. En fin, que era un lujo recorrer una finca con él.

Mis andanzas con Don Manuel Arancón durante un cuarto de siglo, dan para un libro. Pero hoy solo quiero evocar unos cuantos recuerdos, cuando van a cumplirse 14 años de su fallecimiento y casi 40 de nuestra amistad, ya que su familia me ha regalado esta foto con él, en los corrales de la histórica Casa de Perales, cuna y símbolo de la Transhumancia de la Serena, con los Montes de León, por la cañada Real Leonesa.

Manolo “El Soriano” es y será recordado durante mucho tiempo por aquellos ganaderos que saben de ovejas, en muchas leguas a la redonda, ya que no había cortijo, chozo, o pueblo, por los que no hubiera pasado o hiciera algún trato, por grande o pequeño que fuere. Y las familias ganaderas de abolengo, recordarán también las veces que tuvo que intervenir para facilitar los acuerdos y que las ganaderías no se deshicieran entre los herederos.

Siempre que paso por La Casa de Perales, o por el Bar Centro de Villanueva de la Serena, hoy reconvertido en una tienda Vodafone por la modernidad, me acuerdo del pastor y ganadero más inteligente que vi en mi vida, ante el que algunos veterinarios se ponían nerviosos a la hora de seleccionar merinos dentro de un rebaño. Gracias a su familia por regalarme esta foto de uno de los últimos pastores en peligro de extinción.

Donde quiera que estés, Manuel Arancón, la gente con la que hiciste tus tratos, y los amigos de la tertulia mañanera en el Bar Centro (los que quedamos),nunca te olvidaremos, y somos testigos de cómo, todavía, hay gentes que vienen a comprar cada años tus corderos para tener la simiente de “El Soriano” y de la finca “HatoRamiro”.

 

 

 

 

  

CESÁREO REY REY

+ 08-03-2016 A LOS 83 años