LA FELICIDAD DE MI NIETA LUNA

Es Nochebuena. Me levanto a las seis y, tras pasar por Las Palmeras, me voy al gimnasio y me encuentro con que esta cerrado… Una Navidad sin ejercicio… puede ser muy pesada. Me vengo para casa a escribir mi caimán y lo primero que me sale contarles es que mi nieta Luna (de dos años recién cumplidos) ayer me recibió diciéndome: «Juan, estás fatal», mientras me hacía un corte de guadaña con sus manos, lleno de gracia e ingenuidad. No sabía lo que decía, pero sí que era algo muy gracioso, y con eso le bastaba para repetirlo una y otra vez.

Ver la ingenuidad y felicidad de una cría en momentos como los que estamos viviendo emociona muy profundamente. Recuerdas algunas estrofas de las Nanas de la cebolla y te quedas con aquellos dos versos finales que decían: «…no sepas lo que pasa, ni lo que ocurre.» Luego te lo aplicas a ti, y tampoco sabes explicarte lo que pasa ni lo que ocurre… Pero los adultos, dentro de una realidad trágica y misteriosa, sí tenemos alguna idea de lo que ha sucedido a lo largo del «proceso histórico». Lean ustedes a José Manuel Naredo en el n.º 5 del Cuaderno Extremeño y díganme si se puede dar una lección de historia con más lucidez en menos palabras. ¡Cómo se puede alcanzar tal degeneración y tal corrupción de un sistema cada vez más cruel y más canalla, hasta el punto de llegar a provocarnos a nosotros mismos una crisis que se burla de nuestra ciencia y que trae aparejadas otras dos crisis terroríficas: la económica (que conduce a media humanidad al hambre) y la ambiental (que amenaza con impactos climáticos y de agotamiento y de contaminación de los recursos más preciados, que, a su vez, nos traerán nuevas pandemias)!

Les hablaba en mi caimán anterior de la esperanza, porque, a pesar de este caos que nos invade, o quizás por la magnitud que ha adquirido, nos ofrece la posibilidad de cambiar un sistema perverso que parecía tenerlo todo controlado con el fin de que un poder cada día más concentrado y absurdo siguiera dictando lo que hay que hacer en cada momento . Sin embargo, de pronto, ese sistema se empieza a ir al carajo, y entonces es cuando toda la gente luchadora y con lucidez está convocada para cambiar el rumbo de esta sociedad globalizada, quedándose con lo bueno de la globalización y mandando a tomar por culo a esa inteligencia tecnocrática que solo quiere mantener el poder en unos cuantos ricos de mierda y en unas cuantas empresas tecnológicas que lo saben todo y se reparten el pastel entre ellas.

La esperanza consiste en que los que conocen las reglas de «tanto avance» y los que padecen estas tres crisis asociadas (la sanitaria, la económica y la ecológica), o sea, los trabajadores de todo tipo y condición, se pongan de acuerdo para decir: «¡Hasta aquí hemos llegado!».