IBA YO A LAS PALMERAS…

…con el Chulo y Agustín, ¡y Las Palmeras cerradas!

Empecé hablándoles a ustedes del Chulo cuando iba con el carro a la parcela. ¿Te acuerdas, Chulo, de aquella letrilla que os hizo el cura de Entrerríos a la banda del Cola-Cao?: “Cuando vas por la mañana con el carro a la parcela, llévate contigo un libro, ese de cultura obrera”.  Y  el estribillo: “Acabarse la paja, morirse el burro y caerse el pesebre todo fue uno”. Es decir, acarrear alfalfa, nabos, maíz…,  llevar la leche a la cooperativa… y aquello acabó como tenía que acabar.

Ya en la Peugeot, en los madriles, todo eran recuerdos de aquellos tiempos felices, pero sin salida para los jóvenes.

— La semilla que Antonio había sembrado en aquella Casa del Pueblo (teatro, cine, reuniones culturales y la mejor biblioteca de aquellos entornos) dio sus frutos y, cuando ya eras un obrero industrial y un urbanita, no te perdías las manifestaciones. Fue en ellas donde empezaron nuestros recuerdos.

¿Cómo ves la cosa, Chulo?, te pregunté una vez a finales de los ochenta.

— Los sindicatos se van aburguesando cada día más y la gente también se aburguesa y tiene miedo. Nos tienen comío el cerebro: entre el coche, el fútbol y p’allá y p’acá, cada día estamos más tontos. Poco a poco Madrid se apodera de ti y, con los hijos y la familia, ya estás bien atao. ¡Y eso que yo me voy p’al pueblo en cuanto puedo! Pero volver a él es imposible… Esto está pensao pa las grandes ciudades, y a los pueblos… que los den por culo.

Esto recodábamos hace poco, con Agustín a nuestro lado en Las Palmeras, y nos decía él:

Pos si queréis os cuento yo mis tiempos de botones en el Casino de los Señores. Te daban dos perras y te tenían de criado de los señoritos para que fueras a sacarles las entrada del cine y ahorrase ellos estar en la cola. Los mandé a tomar por culo en cuanto pude. Pero pa abrirse camino aquí había que aguantar mucho mamoneo.

Bueno hoy sois dos personajes respetables. Uno, un jubilado de lujo de la Chrysler (así se llama ahora la Peugeot) y el otro, un empresario con el mejor negocio de hostelería de las Vegas Altas del Guadiana.

— El “jubilado de lujo” tiene 40 años de trabajo a sus espaldas, media vida… Difícil de explicar en un rato, dice el Chulo.

— Agustín siempre tiene en la boca los impuestos —añado yo—, el papeleo y lo que cuesta crear diez puestos de trabajo, a los que hay que pagar el sueldo todos los meses… Y la otra cantinela es encontrar gente con ganas de trabajar en este oficio. “Y, pa acabarlo de arreglar, ¡ahora se nos ha presentado el virus este de los cojones!”, dice. 

Les pregunto por la pandemia a cada uno sin saber por dónde me van a salir.  

— Al principio pensé que esto sería una operación de “entresaque”, como en la fruta, para dar larga a los más viejos. Luego, parece que es algo mucho más gordo. Pero el asunto es quién levanta el pesebre después de caío y con el burro muerto. Como decía la vieja: “Señor, ¡cómo nos mandarás tanto y tan seguío!”, dice Agustín.

El Chulo parece un poco más optimista:

— A lo mejor ha llegado la hora de hacer los cambios que estos afilaores no se atrevieron a hacer nunca. Porque la cantidad de paraos y de autónomos y empresas que van a la ruina va ser más larga que la cola del INEM. Y capital, hay mucho, pero muy mal repartío. Aquí, hay que quitar a tanto galutro como hay en los puestos de responsabilidad comiendo de la sopa boba… Y los gobiernos tienen que apañar los fondos públicos para traernos el empleo que no van a traer las multinacionales. ¡Ahí es donde hay que echarle dos cojones!, como se los echábamos cuando íbamos con el carro a la parcela, en aquellos pueblos del estituto de colonización en los que mandaba el perito y la Guardia Civil. A lo mejor ha llegao la hora de acabar con las privatizaciones, de poner a gente honrá y responsable al frente de lo público… ¡Y hasta de lo privado si hace falta!

Bueno, tras la conversación a tres bandas, nos decimos que ojalá podamos tomarnos pronto una cervecita en Las Palmeras; y si es con unas bogas aliñás, mucho mejor.

 

Hijo de colono con su carro a la parcela
(Ilustración: Justo Manuel García López)