EL DEL TUPÉ Y EL MOTÍN DEL CAPITOLIO

Que haya tantos millones de fascistas en el país que, dicen, es la cuna de la democracia no es fácil de entender para un ciudadano medio. Que voten más de setenta millones a un perturbado totalitario y dictatorial, y que, en su delirio final, le sigan (unos, como fuerza de choque y otros, escondidos en sus cargos) y asalten la sede y el símbolo de la democracia norteamericana, tampoco es algo que se entienda fácilmente. Pero que a la potencia militar y de seguridad más grande del mundo la cojan cagando unos cuantos miles de tarugos exaltados (espoleados por un «gorila rojo» que hace tiempo que debería estar internado)… ¡ eso es lo que no hay Dios que lo entienda! ¿A qué esperan sus asesores políticos, jurídicos y militares para llevar a este primate al centro de rehabilitación de animales salvajes que necesita desde hace tiempo?

Si el motín o el intento de golpe de Estado sirve para algo (como aquí el del 23F),tendremos que darlo por bien empleado, siempre que vayan al trullo los que acompañaron al «republicano» más facha de la democracia a poner el mundo patas arriba.

Al hilo de esto y de la declaraciones de las derechas en España tras el espectáculo del amigo americano, convendría que nos hiciéramos algunas preguntas en nuestro sufrido país:

¿Cuántos fachas parecidos a los que han votado a aquel gorila creen ustedes que tenemos en este ruedo ibérico? O dicho de otra forma:

¿Cuántos franquistas creen ustedes que tenemos en esta piel de toro si contamos a los que se han metido rápido en el partido hecho a su medida o a los que están en una derecha o «centro derecha» que se entiende muy bien con ellos y que hasta gobiernan y se hacen fotos juntos?

A lo mejor, y a pesar de la «transición tan modélica que hicimos», nos quedan todavía más franquistas de los que nos creíamos. La chulería de los militares descerebrados que cobran suculentas pagas y que se atreven a decir a la ministra que «cambie el paso» y que nos recuerdan a todos los millones de españoles que aquí se ha fusilado poco, da una idea de cómo está el patio.

Los franquistas que quedan (que no son pocos) están muy creciditos. Más les valdría al abanico gobernante y a la izquierda y progresía en general tener esto muy presente y no perder el tiempo en discutir sobre si son galgos o podencos antes de que el «franquista sin disimulo», el «guapito», el «repeinao» y la «galga» nos lleven, poco a poco, a tiempos más gloriosos con la ayuda, a veces, de algunos radicales de pico que, en los momentos difíciles de este país, no han hecho otra cosa que joderlo todo.