EL CORONAVIRUS CONTRA BOYER Y SOLCHAGA

Hay que joderse, ¡cómo viene hoy El País! (y eso que hace solo tres días que empezó el baile): economía de guerra, plan y programa económico excepcional, «no vamos a dejar a nadie atrás» ( Sánchez dixit), el rey debe distanciarse de su padre, van a por el velero de los 65 millones de la droga, Europa se blinda por fuera y se resquebraja por dentro… Y todo en este plan. No ha hecho más que llegar la Maruja Torres y se pone todo patas arriba.

 

Mira que si del desastre de lo público pasamos ahora a la ineficacia de lo privado… la cosa tendría hasta gracia. Después de que Boyer-Solchaga, la pareja voladora, pegaran fuego al Banco de Crédito Agrícola y a las cajas rurales, y regalaran aquel engendro llamado Argentaria por cuatro duros al banco del que fueron sus empleados… Mira que si después de la venta del Banco Popular al Santander por un euro, tras la operación mafiosa de la moza y otros compañeros de viaje (y con el apoyo de algunas instituciones españolas y otras europeas), resulta que el gran banco se va al carajo y hay que volver a empezar…

 

Al final tendremos que darle las gracias a esto del coronavirus, por que, cuando acabe la escabechina dentro de unos meses, nos deje las puertas abiertas para volver a empezar. Y tengo el presentimiento de que esta vez a los hombres de negro no se les ocurrirá ir ni a Grecia ni a Italia ni venir por aquí, por el ruedo ibérico. Esta vez tal vez les toque el turno a los grandes tiburones (y tiburonas), como los De Guindos, Morenés, la Maleni, Christine Lagarde, etc.,  para salir por piernas con la música a otra parte. Porque la crisis que viene no se arregla con enjuagues de altos ejecutivos, dejando el gallinero sin limpiar.

 

¡Con lo fácil que tiene que ser poner los recursos en manos inteligentes y honestas, y empezar a limpiar toda la morralla acumulada para iniciar un verdadero plan de reformas que redistribuya y genere tanto empleo como el que se va a necesitar…! Solo faltará una cosa: que los que se van a quedar tirados en este trasiego digan «¡Hasta aquí hemos llegado!».