DURANTE LOS APLAUSOS EL JIMY SE TUMBA PANZA ARRIBA

Con cara de resignación el Jimy se tumba en la puerta todas las tardes cuando arrancamos a aplaudir los vecinos. Y uno se pregunta: “¿Cuántos españoles habrán conocido a sus vecinos gracias a esta ola de solidaridad inesperada en la que no faltan gatos y perros?”. Y esas musiquillas que enchufan algunos de “las dos Españas” …, esas que ahora mismo andan acojonadas y han hecho un alto el fuego, ya que no parece que esto sea una cosa de comunistas o fascistas… por ahora.

 

El caso es que el Jimy, con su cruz a cuestas, recorre su pequeño circuito vecinal con esa cara de escepticismo que últimamente tiene, y se pierde durante algunas horas; hasta que le aprieta la gazuza y vuelve al redil buscando carne, o pastillas secas, si no hay más remedio. Él no sabe que esta pandemia de los cojones nos puede cambiar la dieta a todos y que la cosa es más seria de lo que parece.

En la bronca permanente entre los azules y los rojos, o sea, entre Pedro y Pablo (al Santi hay que echarle de comer aparte; y la catalana de Jerez parece que se va civilizando), tendrá que haber un pacto, aunque sea con fórceps. “Criticar ahora no es patriótico”, ha dicho Rui Rio, líder de la civilizada derecha portuguesa. Y, aunque nuestra derecha es muy particular, le pueden estar llegando los mensajes de todo el abanico conservador de que no están los caminos para cargar el carro demasiado. De todas formas, estos jóvenes tan bien peinados y sus colegas estilizadas son muy suyos, y nunca se sabe hasta dónde quieren llegar, porque lo que está claro es que tienen mucha prisa por descabalgar a Pedro, al que, además, y para joder más el patatal, ya le sobran enemigos dentro.

El asunto es que Pedro se acaba de apuntar hoy dos tantos. El primero es una propuesta (un Fondo de 1,5 billones euros) a la Unión Europea, que, según dice el vicepresidente primero de la Comisión, “Puede ser la base para el compromiso europeo”. Y el segundo es aceptar la propuesta de Casado para que el pacto nacional se elabore en la Comisión del Congreso, hecho este que puede mejorar la imagen de flexibilidad de Pedro. Y todo ello, unido a la fuerza de su iniciativa ante la Unión Europea, pueden acojonar un poco a ese trío del PP, compuesto por dos repeinaos y una ratasabia de hierro que no hacen caso ni a sus líderes históricos, los que deben de estar temblando al ver al partido en manos de estos pardillos.

De todas formas, cuando estamos a solas, intento explicarle al Jimy que el baile empezará cuando “los mercados” (en plural) y el gran hermano (en particular) vean hasta dónde llega la tormenta económica. Los seguros, antes de pagar, suelen peritar. Y si los daños son como los de Chernobyl o los de Fukushima, “que pague el Estado”.

Y aquí es, Jimy, donde la guarra empieza a torcer el rabo y donde puede empezar la nueva era. Si es el Estado es el que tiene que afrontar las catástrofes y las grandes desgracias de la humanidad, (que no han sucedido ni por casualidad ni por mandato divino), ¿no será un buen momento para que sectores estratégicos como la banca, el seguro, la sanidad, los alimentos, la energía, etc. pasen, aunque sea parcialmente, a manos del Estado (tampoco hay que asustar), hasta que toda la panda de golfos que hay por ahí arropados en entidades e instituciones públicas y privadas sean descabalgados y empiece esta nueva era con gente cabal?   

El Jimy me mira poco convencido y parece preguntarse si estoy delirando. A continuación se restriega por mis piernas y me recuerda su comida mirando para el rincón de la carne. No quiere pastillas secas. Le complazco, no sin antes decirle: “Puede que, a no mucho tardar, lleguen tiempos en que la comida seca nos parezca una maravilla. Todo se andará, Jimy”.