Convidados de piedra en la fiesta de la Asamblea

Llevaba un tiempo recibiendo cartas y correos sobre la celebración del 35 aniversario de la constitución de la Asamblea de Extremadura, o sea, de nuestro Parlamento. La persona que me llamaba no sabía por supuesto si yo había sido parlamentario o no; ni si había tenido alguna responsabilidad política en el Gobierno de la Junta de Extremadura; ni sabía explicarme en que consistía el acto, cosa que intenté averiguar sin éxito.

Y llegó por fin el día del acto. Imbuido de una inesperada responsabilidad institucional, a pesar de ser mi caso tan ‘especial’, decido asistir, imaginando más o menos lo que me esperaba. Y esto es lo que vi.

Llegué con media hora de retraso, apenas puedo hablar de la intervención de la actual presidenta de la Cámara ni de los tres presidentes/presidentas anteriores que fueron breves, al parecer.

A continuación tomaron la palabra Ibarra, Monago y Vara, por este orden, como presidentes de los Gobiernos de la Junta de Extremadura de este período. Independientemente de mis discrepancias y coincidencias con cada uno de ellos, creo que puedo decir sin temor a equivocarme que estuvieron algo flojos los tres. A todos ellos les reconozco capacidad para haber hecho un discurso más imaginativo, pedagógico e incluso divertido. No tuvieron su tarde ninguno de ellos, lo que hizo más anodino el acto.

Añádanle a esto que los tres parlamentarios jóvenes que intervinieron finalmente estuvieron igualmente formales y aburridos, y tenemos una celebración del 35 aniversario manifiestamente mejorable, en la que no se anunciaron cambios que permitan ver que el Parlamento de Extremadura pueda convertirse en un foro de debates más crítico, autocrítico y participativo.

Los parlamentarios y exparlamentarios que asistimos fuimos verdaderos convidados de piedra. Para nosotros nadie pensó en algún espacio o actividad en la que hubiéramos podido evocar recuerdos y dejar constancia de algunas de las experiencias más interesantes en nuestras legislaturas. Tampoco vi a una prensa que nos preguntara lo más mínimo. Todo giraba verticalmente en torno a los presidentes, fueran de la Asamblea o de los gobiernos de Extremadura.

Como siempre, es en el rato de asueto, esta vez en el café, ya que aquello fue tan rápido que no era hora de copas, cuando pudimos dar rienda suelta a algunos recuerdos, añoranzas o bromas varias, antes de salir cada uno para su casa, preguntándonos si había merecido la pena el viaje para un acto tan protocolario y breve.

Los organizadores podrían pensar si, transcurridos ya 35 años desde su creación, a las broncas y los desacuerdos permanentes que hay en esta casa, no le podrían venir bien algunos encuentros mejor organizados con los exparlamentarios veteranos y con algunas figuras de la sociedad civil. Seguramente podríamos aportarles algunas ideas para forjar acuerdos de interés y hasta para encontrar algunas soluciones a los grandes problemas que acucian a nuestra tierra, como pueden ser el paro, el decrecimiento de nuestros pueblos y ciudades y el envejecimiento de la población, la industrialización y el desarrollo de las nuevas tecnologías, o los grandes proyectos que dicen estar dispuestos a aterrizar en nuestra comunidad, temas para los que es necesario el acuerdo entre partidos y de estos con la sociedad civil. El Parlamento podría ser un buen foro para ello.

Me acaba de decir un investigador extremeño que va a participar en una iniciativa que se llama ‘Ciencia en el Parlamento’. En su caso será para que parlamentarios y científicos hablen de la problemática del fuego. No les vendría mal a los parlamentarios extremeños organizar contactos frecuentes de este tipo, abriendo así la puerta a la experiencia y al conocimiento, ya que no pocos de ellos están algo verdes en este y en otros temas. No les cobraríamos nada por estos intercambios, como pueden imaginar.